¿Por qué es importante cómo hablamos de las dificultades?
Aunque pensemos que no, los niños sí perciben y son conscientes de cuando algo les resulta complicado. El problema de esto no suele ser la dificultad en sí, sino cómo se nombra y se vive.
Una buena conversación puede ayudar a:
- Reducir ansiedad y frustración.
- Fortalecer la autoestima.
- Favorecer la colaboración y la motivación.
De esta manera, para mantener una conversación adecuada, es muy importante tener en cuenta el entorno, contenido y contexto. Por ello, nos resulta importante resaltar las siguientes recomendaciones:
- Busca un momento tranquilo, sin prisas ni enfados.
- Evitar hacerlo justo después de malas notas o conflictos.
- Mejor en un contexto cotidiano (un paseo, antes de dormir, un rato juntos).
Os dejamos a continuación una frase modelo que podemos usar, siguiendo las recomendaciones que hemos mencionado anteriormente:
“He notado que algunas cosas del cole te están costando un poquito y me gustaría saber cómo te sientes, ¿podemos hacer algo para mejorarlo?.”
Otra de las recomendaciones que como profesionales recogemos, es el uso de un lenguaje adecuado a su edad. Y… ¿qué quiere decir eso? Bien, os lo explicamos a continuación.
Una de las ideas es evitar términos técnicos o demasiado abstractos (“trastorno”, “diagnóstico”, “dificultad”) con niños/as pequeños.
Es más beneficioso usar ejemplos concretos y comparaciones sencillas (nunca con otras personas de la familia, o amigos/as). Es importante explicar que todos aprendemos de forma diferente, a nuestro propio ritmo.
Hay un punto clave en esta línea, que es separar al niño/a de la dificultad. Esto quiere decir que, tal como estamos resaltando continuamente, el niño/a no es la dificultad, es algo que le ocurre.
Por ello, debemos evitar expresiones como “eres despistado”, “nunca te concent