El peligro de la corrección directa y constante
Es una reacción casi instintiva: el niño dice «pelo» en lugar de «perro» y nosotros saltamos rápidamente con un «¡No, así no se dice! Di pe-rro». Aunque lo hacemos con la mejor intención, esta corrección directa suele ser contraproducente. Interrumpir el flujo de lo que el niño nos está contando para centrarnos solo en la forma en que lo dice corta su deseo de comunicarse. Si el niño siente que cada vez que abre la boca va a ser evaluado o corregido, acabará por dejar de intentarlo. El objetivo de hablar es compartir algo con alguien, no aprobar un examen de dicción en cada frase.
La alternativa: el modelado natural
El error más común es pedirle al niño que «repita correctamente». En lugar de eso, la técnica más efectiva es el recast o modelado. Si tu hijo dice: «El gato ha subido a la tesa», tú respondes de forma natural: «¡Ah! Es verdad, el gato ha subido a la mesa, ¡qué alto ha llegado!». De esta manera, el niño escucha la forma correcta sin sentirse señalado ni avergonzado. Le estás dando el modelo auditivo perfecto justo en el momento en que su cerebro está prestando atención al significado, lo cual es mucho más potente que cualquier repetición forzada bajo presión.