“Pero si él lo sabe”.
Es una frase que escuchamos con frecuencia en consulta.
Una madre nos cuenta que su hijo ha estudiado un tema y, cuando están en casa, parece saberlo. Le hace preguntas, señala la respuesta correcta, incluso es capaz de resolver algún ejercicio. Pero llega el momento de explicarlo en clase y se bloquea.
No encuentra las palabras. Responde con frases muy cortas. Se pierde cuando tiene que explicar varios pasos. O simplemente dice: “No sé”.
Y entonces aparece la duda:
¿Realmente no lo sabe o no está consiguiendo expresar lo que sabe?
A veces, la diferencia está en el lenguaje.
Aprender también es poder poner en palabras lo que pensamos
Cuando pensamos en lenguaje, solemos pensar en hablar: contar cosas, mantener una conversación, hacer preguntas…
Pero el lenguaje está mucho más presente en el aprendizaje de lo que parece.
Lo utilizamos para comprender una explicación, seguir instrucciones, aprender conceptos nuevos, relacionar ideas, organizar lo que sabemos, responder preguntas, explicar un razonamiento o resumir un texto.
Por eso, una dificultad en el lenguaje puede acabar afectando a otras áreas del aprendizaje.
Un niño puede entender un concepto, pero tener dificultades para encontrar las palabras necesarias para explicarlo. Puede conocer el vocabulario de manera cotidiana, pero no manejar con la misma facilidad el lenguaje que se utiliza en el aula. O puede saber resolver un problema, pero no comprender exactamente qué le está preguntando el enunciado.
Las dificultades del lenguaje pueden afectar tanto a la comprensión como a la expresión y, cuando son persistentes, pueden repercutir en el aprendizaje escolar.
“En casa habla perfectamente”
Esta es otra frase que escuchamos mucho.
Y tiene todo el sentido.
Porque hablar de lo que hemos hecho durante el día no exige lo mismo que explicar por qué un personaje ha tomado una decisión en un cuento.
No es lo mismo decir:
“He ido al parque y he jugado con Pablo”.
que responder:
“Explica por qué crees que el personaje decidió marcharse y utiliza información del texto para justificar tu respuesta”.
En el segundo caso necesitamos comprender bien la pregunta, seleccionar la información importante, organizar nuestras ideas, encontrar las palabras adecuadas y construir una respuesta que tenga sentido.
El lenguaje que utilizamos para conversar en situaciones cotidianas y el lenguaje que necesitamos para aprender en el colegio no siempre tienen el mismo nivel de exigencia.
Y ahí es donde algunos niños empiezan a encontrar dificultades.
Cuando la dificultad aparece en clase, pero no siempre en casa
A medida que avanzan los cursos, las demandas lingüísticas aumentan.
Las preguntas son más complejas. Los textos son más largos. Aparecen palabras nuevas y conceptos más abstractos. Ya no basta con responder: hay que explicar, justificar, comparar, resumir, relacionar y argumentar.
Por eso, un niño puede desenvolverse aparentemente bien en una conversación y, al mismo tiempo, tener dificultades cuando tiene que utilizar el lenguaje para aprender.
Puede ocurrir, por ejemplo, que:
- necesite mucho tiempo para responder;
- tenga dificultades para encontrar una palabra concreta;
- dé respuestas demasiado breves;
- se pierda cuando una explicación tiene varios pasos;
- tenga problemas para seguir instrucciones largas;
- le cueste contar algo de manera ordenada;
- comprenda una historia, pero no consiga resumirla;
- sepa hacer un ejercicio, pero no pueda explicar cómo lo ha hecho;
- tenga dificultades para entender enunciados de problemas matemáticos;
- escriba menos de lo que realmente sabe.
Y, en ocasiones, todo esto termina interpretándose como falta de atención, poco esfuerzo o incluso desinterés.
Cuando quizá lo que necesita es otro tipo de ayuda.
No siempre es falta de conocimiento
Esta es una idea que para nosotros en Sentidos es especialmente importante.
No queremos quedarnos únicamente con el resultado. Queremos entender qué hay detrás de ese resultado.
Si un niño no responde, necesitamos preguntarnos:
¿No conoce la respuesta?
¿No ha comprendido la pregunta?
¿No sabe cómo organizar la respuesta?
¿No encuentra las palabras?
¿Necesita más tiempo para procesar la información?
¿Le cuesta expresar oralmente algo que sí comprende?
Son preguntas diferentes y, por tanto, también necesitan respuestas diferentes.
Porque decir simplemente “no se lo sabe” puede hacer que pasemos por alto la verdadera dificultad.
¿Qué podemos hacer desde casa?
No hace falta convertir cada tarde en una sesión de ejercicios.
Muchas veces podemos ayudar aprovechando situaciones cotidianas.
Cuando nuestro hijo nos cuenta algo, podemos animarle a ordenar la historia:
“¿Qué pasó primero?”
“¿Y después?”
“¿Y cómo terminó?”
Cuando no encuentra una palabra, podemos darle tiempo antes de decirla nosotros.
Cuando responde de forma muy breve, podemos ayudarle a ampliar:
“¿Por qué piensas eso?”
“¿Qué te hace pensar que ocurrió así?”
“Cuéntamelo un poco más.”
También podemos leer juntos y hablar sobre lo que hemos leído. No solo preguntarle qué ha pasado, sino intentar ir un poco más allá:
“¿Por qué crees que hizo eso?”
“¿Qué habría pasado si…?”
“¿Cómo sabes que estaba enfadado?”
Así trabajamos comprensión, vocabulario, razonamiento y expresión sin necesidad de convertirlo en una tarea escolar.
Y, sobre todo, observar
Cada niño tiene su propio ritmo.
Tener dificultades puntuales para encontrar una palabra, necesitar más tiempo para responder o no saber explicar algo a la primera no significa necesariamente que exista un problema de lenguaje.
Pero cuando estas dificultades se mantienen en el tiempo y empiezan a interferir en el colegio, en los deberes, en la lectura, en la escritura o en la manera de comunicarse, merece la pena prestar atención.
Una valoración puede ayudarnos a saber qué está pasando realmente y qué necesita el niño.
Porque no se trata de poner una etiqueta.
Se trata de entender.
En Sentidos creemos que detrás de un “no sé” hay que seguir preguntando
A veces, ese “no sé” significa realmente que no conoce la respuesta.
Pero otras veces puede significar:
“Sé lo que quiero decir, pero no encuentro cómo explicarlo.”
“He entendido la actividad, pero no sé cómo organizar la respuesta.”
“La pregunta es demasiado complicada para mí.”
“Necesito un poco más de tiempo.”
Y escuchar esas diferencias puede cambiar mucho la manera en la que acompañamos a un niño.
Porque nuestro objetivo no es solo que aprenda los contenidos del colegio.
Queremos que pueda comprenderlos, relacionarlos, pensar sobre ellos y encontrar las palabras para demostrar todo lo que sabe.
Y cuando un niño consigue hacerlo, muchas veces descubrimos que detrás de aquel “no sé” había mucho más de lo que parecía.
En Sentidos trabajamos para descubrirlo y ayudarle a expresarlo.