“Parece que no me escucha”.
“Le digo las cosas una y otra vez y no hace caso”.
“Es como si me oyera, pero no me entendiera”.
Son frases que escuchamos con frecuencia en las familias. Y aunque a veces detrás de estas situaciones hay simplemente despistes, cansancio o falta de atención, en otras ocasiones pueden estar señalando algo más: una dificultad para comprender el lenguaje.
Comprender lo que nos dicen parece algo sencillo, pero en realidad implica mucho más que escuchar las palabras. Cuando un niño recibe una indicación, necesita identificar los sonidos, reconocer las palabras, comprender su significado, relacionarlas entre sí y, además, interpretar qué se espera de él.
Por eso, cuando un niño no responde como esperamos, merece la pena preguntarnos: ¿no me está escuchando o realmente le está costando entenderme?
Escuchar y comprender no son lo mismo
Lo primero que debemos diferenciar es la audición de la comprensión. Un niño puede oír perfectamente y, sin embargo, tener dificultades para comprender determinados mensajes. Por ejemplo, puede entender perfectamente “coge los zapatos”, pero tener problemas cuando le decimos:“Antes de ponerte los zapatos, guarda los juguetes y después ven a buscarme”.En este caso, no se trata únicamente de conocer las palabras. Hay que comprender una secuencia de acciones, conceptos temporales como “antes” y “después” y mantener toda esa información en mente. Por eso, cuando las instrucciones se vuelven más largas o complejas, algunas dificultades empiezan a hacerse más visibles.
¿Qué señales pueden hacernos sospechar?
Cada niño es diferente y una señal aislada no significa necesariamente que exista una dificultad del lenguaje. Sin embargo, hay algunos comportamientos a los que conviene prestar atención.1. Necesita que le repitamos las cosas muchas veces
No hablamos de repetir ocasionalmente una indicación porque está jugando o distraído. La señal de alerta aparece cuando necesita constantemente que simplifiquemos o repitamos los mensajes, incluso en situaciones cotidianas.2. Parece entender mejor cuando le mostramos qué tiene que hacer
Puede ocurrir que, si acompañamos la explicación con un gesto o un ejemplo, el niño realice correctamente la actividad. Por ejemplo, ante “pon el vaso encima de la mesa”, quizá no responda, pero sí lo haga si señalamos la mesa. Los apoyos visuales pueden ayudar muchísimo, pero si el niño depende constantemente de ellos para comprender mensajes sencillos, conviene observar cómo está desarrollándose su comprensión verbal.3. Tiene dificultades para seguir instrucciones
Especialmente cuando las indicaciones incluyen varios pasos:- “Ve a tu habitación y trae el pijama”.
- “Guarda los colores, cierra el estuche y mételo en la mochila”.
- “Cuando termines de merendar, lávate las manos y ven a la mesa”.
4. Confunde palabras o conceptos
Algunos niños presentan dificultades para comprender conceptos como: encima/debajo, delante/detrás, dentro/fuera, grande/pequeño, primero/último, antes/después, entre otros. Estas palabras forman parte de nuestro día a día y son especialmente importantes para el aprendizaje escolar.5. Responde algo que no tiene relación con lo que le hemos preguntado
A veces parece que el niño “está en su mundo”, cuando en realidad puede no haber comprendido la pregunta. Por ejemplo: —¿Dónde has dejado la mochila? —En el colegio. Aunque la respuesta pueda parecer extraña, es importante observar si ocurre de manera puntual o si se repite con frecuencia.6. Le cuesta comprender cuentos o explicaciones
En casa puede disfrutar escuchando cuentos, pero cuando le preguntamos qué ha ocurrido, quién era el personaje o por qué sucedió algo, tiene dificultades para responder. También puede costarle seguir explicaciones más largas o entender información que no está acompañada de imágenes.7. En el colegio necesita más ayuda para comprender las consignas
A medida que avanza la escolaridad, el lenguaje se vuelve cada vez más importante. Comprender un problema de matemáticas, seguir una explicación, entender una pregunta de un examen o saber qué hay que hacer en una actividad requiere habilidades de comprensión lingüística. Por eso, una dificultad que inicialmente podía pasar desapercibida en casa puede hacerse más evidente en el entorno escolar.¿Y si simplemente “no quiere hacer caso”?
Esta es una de las dudas más habituales de las familias. Por supuesto, los niños también pueden ignorarnos porque están jugando, porque no quieren dejar una actividad que les gusta o porque están cansados. No todo incumplimiento de una instrucción significa que exista una dificultad de comprensión. La clave está en observar el patrón. ¿Le ocurre especialmente cuando la instrucción es larga? ¿Entiende mejor si utilizamos frases cortas? ¿Puede realizar una tarea cuando la demostramos, pero no cuando se la explicamos verbalmente? ¿Parece comprender conversaciones sencillas, pero se pierde cuando introducimos más información? ¿Estas dificultades también aparecen en el colegio? Cuando estas situaciones son frecuentes y afectan a diferentes contextos, puede ser recomendable realizar una valoración.La importancia de no quedarse solo con “no me escucha”
Etiquetar rápidamente una conducta como “no escucha”, “no presta atención” o “no quiere hacer caso” puede hacer que pasemos por alto lo que realmente está ocurriendo. Imaginemos a un niño al que le cuesta comprender instrucciones largas. Si constantemente recibe mensajes que no consigue procesar, es lógico que termine frustrándose, evite la tarea o parezca que no presta atención. Entender qué hay detrás de una conducta nos permite ayudar mejor. Y cuanto antes sepamos qué necesita, antes podremos adaptar la forma de comunicarnos con él y, si es necesario, trabajar las habilidades lingüísticas que estén más comprometidas.¿Qué podemos hacer en casa?
Mientras se realiza una valoración, podemos facilitar la comprensión con pequeños cambios en nuestro día a día:- Utilizar frases claras y ajustadas a su nivel de comprensión.
- Dar una instrucción cada vez cuando la tarea sea complicada.
- Asegurarnos de que nos está mirando y escuchando antes de hablarle.
- Acompañar algunas explicaciones con gestos, imágenes u objetos.
- Pedirle que nos explique qué tiene que hacer, en lugar de preguntarle únicamente “¿lo has entendido?”.
- Darle tiempo suficiente para procesar la información y responder.
- Leer cuentos juntos y hacer preguntas sencillas sobre lo que ocurre.
- Jugar con conceptos espaciales, temporales y de cantidad de forma natural.