Mi hijo se frustra cuando algo no le sale: cómo enseñarle a gestionar la frustración

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¿Tu hijo se enfada cuando pierde en un juego? ¿Se pone a llorar cuando algo no le sale a la primera o acaba diciendo no puedo y deja de intentarlo?

Si te suena alguna de estas situaciones, tranquilo, es algo que les pasa a muchos niños. A veces, una pequeña dificultad puede convertirse en un mundo para ellos. Lo que para nosotros puede parecer una tontería, para ellos puede ser motivo de un enfado enorme.

Aprender a gestionar la frustración lleva tiempo. Los niños necesitan aprender a aceptar que no siempre pueden conseguir lo que quieren, que equivocarse es normal y que no pasa nada por tener que intentarlo varias veces.

Pero ¿cómo podemos ayudarles cuando parece que todo les supera? Desde Sentidos te damos algunas ideas que puedes poner en práctica en casa.

¿Por qué mi hijo se enfada tanto cuando algo no le sale?

Cada niño es diferente. Algunos se enfadan enseguida, otros lloran y otros prefieren abandonar antes que seguir intentando algo que les cuesta.

La frustración aparece cuando las cosas no salen como esperamos. En los niños puede surgir por situaciones tan cotidianas como perder una partida, no conseguir hacer un dibujo como querían, equivocarse en una actividad o tener que esperar para conseguir algo.

A estas edades todavía están aprendiendo a controlar sus emociones. Muchas veces saben perfectamente lo que quieren hacer, pero no saben cómo reaccionar cuando no lo consiguen.

También puede ocurrir que tengan miedo a equivocarse, que sean demasiado exigentes consigo mismos o que una tarea les resulte más difícil de lo que pueden asumir en ese momento.

Por eso, antes de pensar que nuestro hijo tiene mal carácter o que no acepta un no por respuesta, merece la pena preguntarnos qué le está pasando y qué necesita de nosotros.

¿Cómo sé si a mi hijo le cuesta tolerar la frustración?

Hay algunas situaciones que pueden darnos pistas.

Quizá tu hijo se enfada mucho cuando pierde, rompe lo que está haciendo porque no le sale bien o abandona una actividad en cuanto encuentra una dificultad. Puede que diga cosas como «soy tonto», «no sé hacer nada» o «nunca me sale bien».

También puede evitar probar cosas nuevas por miedo a equivocarse o necesitar que un adulto esté constantemente a su lado para asegurarse de que lo está haciendo bien.

Que esto ocurra de vez en cuando no significa que haya un problema. Todos tenemos días mejores y peores, también los niños. Lo importante es observar si estas reacciones se repiten mucho, si son muy intensas o si terminan afectando a su día a día.

5 formas de ayudar a tu hijo a gestionar la frustración

1. Escúchale antes de intentar solucionar el problema

Cuando nuestro hijo se enfada, muchas veces intentamos tranquilizarlo rápidamente con frases como «no pasa nada», «eso no es para tanto» o «venga, inténtalo otra vez».

Lo hacemos con la mejor intención, pero en ese momento puede necesitar que primero le escuchemos.

Prueba a decirle: «Ya veo que estás enfadado porque no te ha salido» o «Sé que querías hacerlo bien y te da rabia no conseguirlo».

Poner palabras a lo que siente le ayuda a entender sus emociones y a sentirse acompañado. Después, cuando esté más tranquilo, será más fácil buscar una solución juntos.

2. Enséñale que equivocarse es completamente normal

A ningún niño le gusta sentir que algo le sale mal, especialmente si se ha esforzado mucho. Por eso es importante que entienda que equivocarse no significa que no sea capaz.

Puedes aprovechar situaciones cotidianas para recordárselo. Si una construcción se cae, podéis probar otra forma de montarla. Si se equivoca en un juego, podéis pensar qué ha pasado y volver a intentarlo.

También ayuda mucho que vea que los adultos nos equivocamos. Si algo no te sale, puedes decir en voz alta: «Vaya, esto no me ha salido como quería. Voy a probar de otra manera».

Así aprenderá que no hace falta hacerlo todo bien a la primera.

3. No le resuelvas siempre las cosas

Es normal que queramos evitar que nuestros hijos lo pasen mal. Cuando vemos que se están desesperando, muchas veces terminamos haciendo nosotros aquello que les cuesta.

Sin embargo, necesitan tener oportunidades para probar, equivocarse y descubrir que pueden superar pequeñas dificultades.

Si está intentando montar un puzle, por ejemplo, puedes darle alguna pista en lugar de colocar tú la pieza. Si se atasca con una actividad, ayúdale a dividirla en pasos más sencillos.

No se trata de dejarlo solo cuando lo está pasando mal, sino de acompañarlo sin quitarle la oportunidad de aprender.

Y, por supuesto, si la tarea es demasiado difícil para su edad o sus habilidades, podemos adaptarla. No todos los retos tienen que convertirse en una prueba de paciencia.

4. Ayúdale a calmarse cuando el enfado es muy grande

Cuando un niño está muy enfadado, no suele ser el mejor momento para explicarle por qué tiene que comportarse de otra manera. Primero necesita recuperar la calma.

Puedes hablarle con tranquilidad, darle un poco de espacio si lo necesita o quedarte a su lado para que sepa que estás ahí.

A algunos niños les ayuda respirar despacio; otros prefieren beber agua, abrazar un cojín o parar un momento antes de continuar.

Cada niño encuentra su propia manera de tranquilizarse. Lo importante es enseñarle estas herramientas cuando está calmado, para que poco a poco pueda utilizarlas cuando las necesite.

Y recuerda algo importante: acompañar su enfado no significa permitir que pegue, insulte o haga daño. Podemos entender lo que siente y, al mismo tiempo, poner límites claros.

5. Valora el esfuerzo, no solo el resultado

A veces nos centramos tanto en que nuestros hijos hagan las cosas bien que olvidamos reconocer todo lo que hay detrás.

Si solo celebramos cuando ganan, sacan buena nota o terminan una actividad perfectamente, pueden acabar pensando que lo importante es no equivocarse.

En cambio, podemos fijarnos en el esfuerzo que han hecho, en cómo han buscado una solución o en que hayan vuelto a intentarlo después de un primer fracaso.

Frases como «has tenido mucha paciencia», «has probado otra manera» o «aunque te costaba, has seguido intentándolo» les ayudan a valorar su propio progreso.

No se trata de felicitarles por todo, sino de enseñarles que aprender también consiste en equivocarse y mejorar poco a poco.

El juego también puede ayudarles a aprender a gestionar la frustración

No hace falta organizar actividades complicadas para trabajar estas habilidades. Muchas veces, los mejores momentos aparecen jugando juntos.

Los juegos de mesa, los puzles, las construcciones o los juegos de imaginación ofrecen oportunidades para aprender a esperar, aceptar que algo no sale como esperábamos y buscar otras soluciones.

Si jugáis a un juego de mesa y tu hijo pierde, por ejemplo, puedes ayudarle a poner palabras a lo que siente sin restarle importancia a su enfado. Cuando esté más tranquilo, podéis hablar de lo ocurrido y animarle a jugar otra partida cuando le apetezca.

También podéis construir una torre e ir probando distintas formas de hacerla más estable cuando se cae.

Lo importante es que sean actividades adaptadas a su edad y que el niño pueda disfrutarlas. No se trata de provocarle enfados para que aprenda a controlarse, sino de aprovechar las situaciones cotidianas para acompañarle.

¿Qué hago cuando mi hijo tiene una rabieta porque algo no le sale?

Hay momentos en los que parece que nada funciona. Tu hijo llora, grita, se enfada y no quiere escuchar. Es normal que tú también acabes perdiendo la paciencia, especialmente si estas situaciones se repiten a menudo.

En esos momentos, intenta hablar poco y con calma. Asegúrate de que esté seguro y evita entrar en una discusión mientras está muy alterado.

Puedes decirle algo sencillo, como «estoy aquí, vamos a tranquilizarnos y después lo hablamos».

Cuando se le haya pasado el enfado, podéis hablar de lo que ha ocurrido. No hace falta darle una charla larga ni recordarle una y otra vez lo mal que se ha portado. A veces basta con preguntarle qué le ha costado, qué podría ayudarle la próxima vez y cómo podéis intentarlo de otra manera.

También merece la pena observar si estas situaciones aparecen cuando está cansado, tiene hambre, lleva mucho tiempo haciendo una actividad o se enfrenta a algo que le resulta especialmente difícil. Conocer qué suele desencadenar el enfado puede ayudaros a prevenir algunos momentos complicados.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

La frustración forma parte del crecimiento, pero hay ocasiones en las que puede venir bien contar con orientación profesional.

Si tu hijo se enfada de forma muy intensa ante pequeñas dificultades, abandona constantemente las actividades por miedo a equivocarse, se habla mal a sí mismo o le cuesta mucho recuperar la calma, conviene prestar atención.

También es recomendable consultar si estas situaciones afectan a la convivencia en casa, a sus relaciones con otros niños o a su participación en el colegio y en otras actividades.

Un profesional puede ayudaros a entender qué está ocurriendo y a encontrar estrategias adaptadas a las necesidades de vuestro hijo.

Pedir ayuda no significa que estéis haciendo algo mal. A veces, comprender mejor por qué reacciona de determinada manera es el primer paso para acompañarle de otra forma.

En Abre tus Sentidos acompañamos a las familias en el desarrollo de sus hijos

Ver a nuestro hijo enfadarse, llorar o sentirse incapaz de hacer algo no es fácil. Queremos que esté bien, que confíe en sí mismo y que aprenda a afrontar las dificultades sin pasarlo tan mal.

Pero aprender a gestionar las emociones lleva tiempo. Necesitan que les acompañemos, que les pongamos límites cuando sea necesario y que les demos oportunidades para descubrir que pueden equivocarse sin que eso sea un fracaso.

No tenemos que evitarles todas las dificultades ni conseguir que nunca se enfaden. Lo importante es ayudarles a entender lo que sienten y enseñarles, poco a poco, qué pueden hacer cuando las cosas no salen como esperaban.

En Abre tus Sentidos trabajamos con niños y familias para acompañar sus necesidades de desarrollo y bienestar. Si te preocupa cómo gestiona tu hijo sus emociones y sientes que necesitáis orientación, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo para conocer cómo podemos ayudaros.

Porque a veces, detrás de un no puedo, un enfado o unas lágrimas, hay un niño que todavía está aprendiendo y que necesita que alguien le enseñe a confiar en sí mismo.

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